Una arquitectura introspectiva en diálogo con la naturaleza
En una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México, el proyecto Jacarandas surge como una intervención precisa y respetuosa sobre una residencia preexistente, lejos de responder al bullicio urbano inmediato, la propuesta se desarrolló desde una mirada introspectiva con la intención de generar un mundo interior sereno, contemplativo y autónomo.
El diseño prioriza la privacidad, ofreciendo al habitante un refugio de calma en medio de la ciudad.
El corazón del proyecto fue el rediseño del jardín, la demolición de una estructura elevada permitió ampliar el área verde y redefinir su relación con el espacio habitable, a partir de ello, se diseñaron una serie de terrazas exteriores habitables, pensadas como transiciones suaves entre la arquitectura y la naturaleza, estas plataformas, cubiertas y descubiertas, fomentan la vida al aire libre y a la vez preservan la atmósfera silenciosa y sofisticada del interior.
En el plano material, la intervención respeta el lenguaje arquitectónico original mediante una paleta sobria y cálida.
El interiorismo, también a cargo del Arq. Francisco de la Vega, sigue esta línea conceptual, las nuevas terrazas fueron concebidas como zonas de contemplación, diseñadas con gran atención al detalle. El mobiliario seleccionado de las firmas italianas Minotti y Henge, aporta refinamiento a través de materiales nobles y proporciones precisas, generando ambientes de sofisticación contenida. La transición entre espacios se da de forma fluida y natural, permitiendo una conexión visual, táctil y emocional entre interior y exterior.
Uno de los pilares del proyecto es el paisaje, desarrollado en colaboración con la paisajista Fernanda Rionda, su propuesta adopta un enfoque naturalista contemporáneo, priorizando la libertad formal y la selección de especies autóctonas, así, el jardín se convierte en un ecosistema cambiante, sensorial y profundamente integrado al diseño arquitectónico, no se impone un orden rígido, sino que se permite que la vegetación fluya de manera orgánica, enmarcando vistas, generando privacidad y creando microclimas que enriquecen la experiencia del habitar.
Jacarandas no es solo una transformación física: es una experiencia emocional, una declaración de principios, cada espacio ha sido concebido no solo como funcional, sino como un escenario para el descanso, la introspección y la conexión con la naturaleza.
Como lo define el propio autor:
“Para nosotros la arquitectura no es solo nuestra profesión, sino un estilo de vida. Una forma de ver el mundo. Buscamos en cada proyecto aportar espacios que contribuyan a mejorar nuestro entorno, la calidad de vida de los usuarios y que reflejen los gustos de nuestros clientes.” — Francisco de la Vega Arámburo.